La pintura de marinas fue muy popular en los siglos XVIII y XIX, en la era de la navegación y los descubrimientos.
Los cuadros de marinas de grandes proporciones y magnifico colorido describían con minuciosidad sorprendentes paisajes marítimos, embarcaderos idílicos y barcos veleros de altos mástiles, construidos con maderas preciosas por magníficos artesanos.
La aventura que suponía, la mayoría de las veces, embarcarse en aquellos veleros que cruzaban los peligrosos mares hasta los últimos confines del mundo conocido, se recordaba con aquellas pinturas deslumbrantes y fantasiosas
Las olas rompiendo en las playas, o la quietud engañosa de la alta mar se pintaban con colores brillantes y saturados en composiciones llenas de ritmo y proporción.
Posteriormente, la era de los obscuros barcos de hierro atracados en sucios puertos humeantes dio un nuevo impulso a la pintura de marinas a finales del siglo XIX y principios del XX.
Hoy en día la sustitución de los materiales nobles por el plástico en las embarcaciones, su excesiva dimensión y uniformidad ha disminuido su plasticidad y solo los motivos de la vela deportiva y las embarcaciones y botes a vela, gracias en gran medida a la influencia de los impresionistas, sobreviven a los cambios de los tiempos en los cuadros de marinas


